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| Satz
281: |
Pensando en ello, fijé convulsivamente
mis ojos en las paredes de hierro que me rodeaban. |
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Satz
282: |
Algo extraño, un
cambio que en principio no pude apreciar claramente,
se había producido con toda evidencia
en la habitación. |
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Satz
283: |
Durante varios minutos
en los que estuve distraído, lleno de
ensueños y escalofríos, me perdí en
conjeturas vanas e incoherentes. |
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Satz
284: |
Por primera vez me di
cuenta del origen de la luz sulfurosa que iluminaba
la celda. |
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Satz
285: |
Provenía de una
grieta de media pulgada de anchura, que extendíase
en torno del calabozo en la base de las paredes,
que, de ese modo, parecían, y en efecto
lo estaban, completamente separadas del suelo.
Intenté mirar por aquella abertura,
aunque, como puede imaginarse, inútilmente. |
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Satz
286: |
Al levantarme desanimado,
se descubrió a mi inteligencia, de pronto,
el misterio de la alteración que la
celda había sufrido. |
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Satz
287: |
Había tenido ocasión
de comprobar que, aun cuando los contornos
de las figuras pintadas en las paredes fuesen
suficientemente claros, los colores parecían
alterados y borrosos. |
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Satz
288: |
Ahora acababan de tomar,
y tomaban a cada momento, un sorprendente e
intensísimo brillo, que daba a aquellas
imágenes fantásticas y diabólicas
un aspecto que hubiera hecho temblar a nervios
más firmes que los míos. |
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Satz
289: |
Pupilas demoníacas,
de una viveza siniestra y feroz, se clavaban
sobre mí desde mil sitios distintos,
donde yo anteriormente no había sospechado
que se encontrara ninguna, y brillaban cual
fulgor lúgubre de un fuego que, aunque
vanamente, quería considerar completamente
imaginario. |
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Satz
290: |
¡Imaginario! Me
bastaba respirar para traer hasta mi nariz
un vapor de hierro enrojecido. |
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Satz
291: |
Extendíase por
el calabozo un olor sofocante. A cada momento
reflejábase un ardor más profundo
en los ojos clavados en mi agonía. |
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Satz
292: |
Un rojo más oscuro
se extendía sobre aquellas horribles
pinturas sangrientas. |
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Satz
293: |
Estaba jadeante; respiraba
con grandes esfuerzos. |
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Satz
294: |
No había duda sobre
el deseo de mis verdugos, los más despiadados
y demoníacos de todos los hombres. |
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Satz
295: |
Me aparté lejos
del metal ardiente, dirigiéndome al
centro del calabozo. |
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Satz
296: |
Frente a aquella destrucción
por el fuego, la idea de la frescura del pozo
llegó a mi alma como un bálsamo. |
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Satz
297: |
Me lancé hacia
sus mortales bordes. |
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Satz
298: |
Dirigí mis miradas
hacia el fondo. |
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Satz
299: |
El resplandor de la inflamada
bóveda iluminaba sus cavidades más
ocultas. |
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Satz 300: |
No obstante, durante un
minuto de desvarío, mi espíritu
negóse a comprender la significación
de lo que veía. |